Corredores ya no están saliendo a entrenar en el lugar del ataque a corredora
Saberse vulnerable lo deja a uno con la incertidumbre de qué viene después y cuándo pasará esa sensación. Así vive Santa Elena y sus alrededores los días posteriores al ataque del que fue víctima una corredora de la zona.
A lo largo del día, la noticia fue corriendo de boca en boca y a través de los diferentes grupos de deportistas que hay y se comunican por WhatsApp supimos que era «Mao». Por la tarde ya estaba organizada una reunión para miércoles, a las 5 de la mañana siempre en Santa Elena, bajo el hashtag #LosBuenosSomosMas. Ahí se invitaba a corredores, ciclistas y al que quisiera a desplazarse hasta el hospital San Rafael donde Mao estaba ingresada fueron pocos pero fueron.
Este jueves, como todas las semanas, llegué a Santa Elena para reunirme con mi grupo de ciclismo a las 5 de la mañana. Ya desde donde inician los restaurantes a lo largo del bulevar Santa Elena empecé a disminuir la velocidad y puse las luces altas, como siempre. Muchos corredores van por la calle y no en la acera y por eso es mejor ir con precaución.
Ningún corredor a la vista.
Subí un poco más y a la altura de la embajada de EUA volví a notar que las calles estaban vacías. Orden de Malta, igual. Redondel de Holcim, lo mismo. Redondel de PriceSmart, también.
Este jueves no había corredores en Santa Elena.
No estaba el octogenario que feliz camina cada madrugada a su paso saludándonos a todos. Tampoco la pareja que sale a pasear a su Pastor Alemán con el guardaespalda por detrás. La corredora guapa que siempre va sola no estaba hoy.
Minutos más tarde, ya en ruta con mi grupo de ciclistas, al pasar por el redondel de Malta los vi en medio de la oscuridad. Era un grupo de unos 5 ó 6 corredores. Iban juntitos, hombro a hombro y con camisetas blancas.
Me recordaron esas escenas de película en la que después de una gran catástrofe, solo salen los más valientes a ver qué ha quedado en pie para luego comunicar a los que están refugiados que está bien salir, que el peligro ha pasado. De blanco, en son de paz o de blanco para identificarse fácilmente.
Mi desesperanza inicial de la Santa Elena vacía recobró algo de luz. Pero sé que los que se han quedado sin salir son más que los que se han atrevido a correr o salir en bici en el lugar donde hace dos días acuchillaron a Mao.
Ya en la zona nos hemos madrugado en el último año con el rapto y asesinato de una empleada doméstica, víctima de un hombre con instintos desbordados. También otra corredora que fue subida a un carro y posteriormente dejado su cuerpo en el Bulevar Poma. Entonces, vencimos el miedo y regresamos a correr, a disfrutar de los amaneceres, a generar nuestro propio bienestar.
¿Y ahora a qué batalla le damos prioridad? ¿Regresamos a las calles a correr o nos quedamos con el temor y la prudencia?
Me quedo con esa imagen de los corredores de blanco después de la tragedia. ¿Cuál es la tragedia? Haberle apagado repentinamente la sonrisa a una divertida Mao, que con su tutú multicolor corría por la vida como allá en la media maratón de Guatemala en 2018.
Tomado de La prensa gráfica El Salvador