Desigualdad de género en la política

Desigualdad de género en la política

Desigualdad de género en política.

“Costa Rica es un país cada vez más feliz” fue el título de un artículo publicado en el periódico La Nación el pasado 20 de marzo. Es curioso que un país como Costa Rica que cada vez es más feliz, según la prensa, no pueda erradicar temas como lo es la desigualdad de género. En la actualidad, las mujeres continúan sintiendo diferencias con respecto a los hombres, ya sea a nivel social, económico o laboral. Un ejemplo de ello es en la política. Las luchas de las mujeres en la sociedad costarricense por ocupar puestos políticos han sido arduas, a pesar de eso no se ha logrado un verdadero reconocimiento de la mujer en la política debido al sistema patriarcal que aún existe en Costa Rica, la doble moral que hay en los partidos políticos y el irrespeto de las leyes que impiden la práctica de la equidad de género diariamente. A continuación, se desarrollarán los factores antes mencionados.

En primer lugar, en Costa Rica se presenta aún un sistema de estilo patriarcal, lo cual sugiere que el hecho de ser mujer en una cultura con esta corriente es un contra para las mujeres. De esta forma el género femenino que busca participar en cargos políticos se ve afectado por las ventajas que han tenido los hombres a lo largo de los años. Asimismo se nota cómo la distribución de los cargos políticos ha tenido que ser respaldadas por leyes creadas en Costa Rica, ya que la distribución no era equitativa en el pasado. Costa Rica es considerada un país pionero en temas de legislaciones que aboguen por la paridad de género en el país. La Ley de Promoción de la Igualdad Social de la Mujer fue aprobada en 1990. A pesar de eso, en su apartado que respecta a política se dejó libre a cada partido la normativa que incluía a la mujer en la participación de los mismos. Afortunadamente, seis años después se crea la cuota mínima de mujeres en los partidos políticos que asegura que el 40% de los puestos deben ser ocupados por personas del género femenino (Archenti, 2014, pág. 308). Esto es una garantía para que las mujeres que encuentran su satisfacción personal en temas políticos puedan buscar una participación directa en estos temas.

A pesar de esto, notamos una gran problemática en Costa Rica, ya que a pesar de que autores como Archenti toman a nuestro país como un modelo a seguir en el ejercicio de la igualdad de género, los ciudadanos que vivimos constantemente lo que significa ser mujer en este país lo podemos desmentir. Esto debido a que nuestra sociedad se encuentra aún sumergida en un sistema patriarcal en el que para llegar a ser líder es prácticamente necesario ser hombre para poder ser tomado en serio. En la historia de nuestra nación solamente una mujer ha llegado a alcanzar la presidencia (Rincón Soto, 2015, pág. 67). Esto a pesar de los esfuerzos que se han tomado para que la mujer sea impulsada a aspirar a cargos políticos y a ser apoyada por la sociedad. Una sociedad que le importe más si la persona que lidera la nación está completamente preparada para hacerlo, y que le sea indiferente si es un hombre o una mujer.

Esto demuestra las diferencias de género actuales en Costa Rica, ya que sigue siendo una realidad las diferencias salariales, las cuales son justificadas solamente por las diferencias de género. De esta forma, también se escuchan críticas de la sociedad hacia aquellas mujeres que intentan buscar un papel de líderes. Bien lo afirma Rincón, el éxito de Laura Chinchilla, expresidenta de Costa Rica, dependió del apoyo masculino que tuviera a su alrededor para demostrar credibilidad ante su partido y ante la población (Rincón Soto, 2015, pág. 67). De esta forma se prueba que las diferencias de género se siguen presentando en la actualidad.

Teniendo ambos puntos de vista, más de una persona se podría apoyar en la idea de Archenti y en las leyes que están ya estipuladas en nuestro país; y así afirmar que el machismo y las diferencias de género son cosa del pasado, y que gracias a estas leyes las mujeres se ven en igualdad de condiciones.

Lamentablemente, esto no es del todo cierto, porque se pueden seguir planteando y aprobando leyes, pero lo último que cambiará es la mentalidad de una población, lo cual es necesario para un verdadero apoyo de las mujeres en la política. No se trata de seguir dando recursos a quienes están en desigualdad, se trata de quienes están en ventaja respeten a los demás (Blanco Lobo, 2006, pág. 165) porque es necesario que las leyes que se plantean un objetivo sean interiorizadas por la sociedad, y que ésta busque cumplir el mismo propósito que buscan solventar las leyes al aprobarse.

En segundo lugar, la doble moral de los partidos políticos es un problema grave ya que cumplen la ley de forma técnica, y la manipulan a su conveniencia. Los partidos políticos utilizan a las mujeres para engrandecer su nombre en los discursos, pero en lo que respecta a la práctica política y el ejercicio de los cargos, las mujeres se ven opacadas por la acción de los hombres (Fernández, 2011). Esto ilustra perfectamente lo que se dijo anteriormente, las personas, o en este caso los partidos políticos, buscan cumplir con la ley por obligación. Sin embrago, no buscan cumplir el espíritu de la ley, el cual, en este ámbito es apoyar y crear una igualdad real de género. Por lo tanto, las mujeres se encuentran dentro de los partidos políticos sin tener una verdadera representación en éste.

Tal situación supone un gran obstáculo para las mujeres que desean aspirar a cargos políticos. Ya que sin el apoyo de éstos, las mujeres no tienen caminos para llegar a ejercer un cargo político y deben llevar una serie de luchas para ser respetadas y realmente escuchadas por los demás miembros del partido y, a su vez, de la sociedad entera.

Es completamente injusto que una mujer tenga que llevar el doble de luchas de las que lleva un hombre en política, solamente por su género. Si los hombres tuvieran que llevar las mismas luchas que lleva una mujer, probablemente no habría tantos hombres en política. Es necesario cambiar la mentalidad en la sociedad costarricense, ya que las leyes que defienden a las mujeres existen, pero las personas que las respeten aún faltan.

Además, no hay una verdadera voz de la mujer en la política y esto se demuestra mediante las estadísticas de mujeres que han sido representativas en la política y los hombres que lo han sido, porque para empezar las mujeres no han tenido este derecho el mismo tiempo que los hombres y además en cuanto se incluye la ley que defiende la paridad de género se busca que el 40% del partido político sean mujeres (Archenti, 2014, pág., 309) y no el 50%. Así, incluso de forma histórica, las mujeres no han tenido la oportunidad de igualar al hombre en política. Añadiendo, que aún en la actualidad, la cantidad de hombres inscritos en partidos políticos supera al de las mujeres en un 20%.

Por último, el irrespeto de las leyes en Costa Rica es grande, no es necesario crear más y más leyes que defiendan a las mujeres; las mujeres no necesitamos ser defendidas, necesitamos ser respetadas. Costa Rica cuenta con las leyes necesarias para abogar por la equidad de género en el país (Archenti, 2014, pág. 317) el problema está en que los partidos políticos externalizan estas leyes y las aplican de manera técnica pero no buscan el verdadero impulso de la mujer en la política (Novo Vázquez, Cobo Carrasco, & Gayoso Rico, 2011, pag.189).

Es necesario que cada artículo escrito en las leyes sea asimilado por la sociedad y llevado a la vida cotidiana, lo cual es realmente importante. Porque podemos ser el país con más leyes en materia de igualdad, pero no nos hace precisamente el país más equitativo.

En conclusión, afirmando mi tesis, las mujeres continúan en desventaja con respecto a los hombres en temas de política, esto debido a la mentalidad patriarcal de la sociedad, a la doble moral de los partidos políticos costarricenses y a la falta de interiorización de las leyes estipuladas que buscan la paridad de género en el país.

Por otro lado, no está todo perdido ya que se puede atacar la desigualdad de género, pero no es suficiente estudiar la problemática. Es necesario educar a la población de una manera sensible hacia la igualdad de género, de forma que se creen generaciones que estén conscientes de que las mujeres son tan capaces como los hombres para liderar un país.

Por: Sharon Castillo Rodríguez.

Estudiante de Ingeniería ambiental del Instituto Tecnológico de Costa Rica.

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