Hija de Charles Chaplin … «Tener arrugas me ha dado muchos papeles»

Hija de Charles Chaplin … «Tener arrugas me ha dado muchos papeles»

agosto 5, 2019 Desactivado Por Antena Seis

Hija de una leyenda del cine, Charles Chaplin, Geraldine ha logrado una impecable trayectoria en el mundo del cine. La semana anterior cumplió 75 años de edad con varios proyectos en puerta.

Su carrera ha serpenteado entre los paisajes rusos de «Doctor Zhivago», el terror de Bayona en «El orfanato» y los papeles protagonistas en el cine de Carlos Saura, con quien inició, en la década de los setenta, nuevas líneas de acción en el cine español, pero su primera intervención cinematográfica corrió a cargo de su padre en «Candilejas» (1952), con Claire Bloom y Buster Keaton.

Sus raíces son conocidas: Geraldine (Estados Unidos, 1944) es la primera de los ocho hijos que compartió el matrimonio formado por Charles Chaplin –»el hombre más famoso de 1939, junto a Hitler», según la filmógrafa Anette Insforf– y la actriz Oona O’Neill, primogénita del premio Nobel de Literatura Eugene O’Neill.

Cuando tenía ocho años, su padre fue relacionado por el Comité de Actividades Antiamericanas de Estados Unidos con el comunismo, por lo que la familia Chaplin-ONeill emigró a Corsier-sur-Vevey (Suiza), donde el padre falleció el día de Navidad de 1977.

Sobre su relación con él, Geraldine reconocía en una entrevista a Efe que no fue siempre cordial: «En la época de la rebeldía, con 14 o 15 años, ya no nos hablábamos, era espantoso. Luego nos reconciliamos y la relación fue muy buena».

A inicios de los años sesenta, la actriz desembarcó en Londres, donde actuó en algunas representaciones teatrales y ejerció como bailarina de ballet y modelo. Poco después, y recién sopladas 21 velas, Geraldine llegó al plató de David Lean para interpretar a la hija del físico Yuri Zhivago en la galardonada «Doctor Zhivago», que le valió la etiqueta de «novia de América».

Sin embargo, la actriz no pensaba limitarse a ser el rostro de las grandes producciones. Tras la oscarizada película, la estadounidense recayó en la España franquista: una época en la que se sintió «muy libre», según declaró en una conversación con el director de la Seminci, Javier Angulo.

En España se unió al director Carlos Saura –un joven prometedor y un poco marginal–, a quien había conocido en una Berlinale y con quien modificó el paradigma del cine español, marcado durante décadas por la censura franquista.

De su relación profesional surgieron nueve títulos, entre los que destacan «Peppermint frappé» (1967), «El jardín de las delicias» (1970) «Ana y los lobos» (1973) o «Cría cuervos» (1976), y de su relación sentimental, que mantuvieron hasta 1979, nació el primer hijo de Geraldine, Shane Saura.

«Yo le debo todo al cine español», reconoció en una entrevista la actriz, orgullosa de ser «La Gerarda» cuando vivía y trabajaba con Saura, que se emocionó mucho cuando recibió en 2006 la Medalla de Oro de la Academia de Cine, y que consiguió la nacionalidad española, que se une a la estadounidense y la británica.

Llegó a España con solo 19 años y su relación profesional con Saura le abrió las puertas a un cine marginal e independiente que le permitieron hacer los papeles que deseaba, como «Nashville» (1975) de Robert Altman –su segunda nominación al Globo de Oro tras la de «Doctor Zhivago»–; «Bienvenido a Los Ángeles» (1976) de Alan Rudolph, o «Los unos y los otros» (1981) de Claude Lelouch.

Fue alternando el cine europeo y el americano y en el plano personal comenzó una relación en 1979 con el director de fotografía chileno Patricio Castilla, con el que acabaría casándose en 2006, y con el que tuvo a su segunda hija, Oona (en honor de su abuela).

En los años ochenta participó en títulos como «El regreso de los mosqueteros» de Richard Lester, o «La vida es una novela» de Alain Resnais. Para llegar a los noventa con uno de sus trabajos más recordados, en «Chaplin (1992).

Una película sobre la vida de su padre protagonizada por Robert Downey Jr. y en la que ella interpretó a su abuela Hannah, un papel por el que fue nominada al Globo de Oro.

Con la llegada del nuevo milenio, Geraldine volvió a España. Lo hizo de la mano de Pedro Almodóvar, en la cinta «Hable con ella» (2002), y ese mismo año estrenó con Antonio Hernández «En la ciudad sin límites», película que le mereció el Goya a mejor actriz de reparto.

Estos títulos no son más que la punta de su carrera, que se extiende a espaldas de la actriz desde hace más de 60 años, una larga trayectoria que se refleja en esas arrugas de las que se siente tan orgullosa porque, como ha asegurado en más de una ocasión, «ser la única actriz con arrugas me da muchos papeles».