Michael Castillo Sandí/Periodista de Antena Seis.

Recuerdo aquellos tiempos, cuando de ir a un estadio se trataba, para compartir con amigos y familiares, en una armonía también con los aficionados del equipo rival.

Sin embargo, desde mediados de la década de los 90, ese fenómeno social se acabó, ya que un cáncer llamado, barras organizadas, emergieron de Sudamerica, para asentarse en nuestro país, con el único propósito de destruir la convivencia en los estadios.

Con lo visto este domingo, en las afueras del Estadio José Rafael Meza Ivancovich, es la última gota que rebasó el vaso de agua, cuando un maleandro, ya que no tiene otro calificativo, atentó contra la vida de un aficionado del Club Sport Cartaginés.

Esto ya es el colmo, porque me pongo a cuestionarme, si este inhumado encubierto por una camisa de fútbol, tendrá mamá o papá o familia, tendrá el pensamiento cavernícola, no pensará que lo están esperando en su casa.

Pero ante todo este cuestionamiento, la respuesta es no, porque para nada, creo que fue apartado de su familia, por la mentalidad mediocre y poco inteligente, para saber que ahora la ley lo va a culpabilizar por intento de homicidio.

Esperaría una buena respuesta, por parte del Ministerio de Seguridad Pública y de los diversos cuerpos de seguridad, que cuidan la Vieja Metropoli, ya que para que no hubiese un solo efectivo, es por un motivo bastante pesado.

Pero si fue, porque se pusieron a pedir requisitos inexistentes y caprichosos, me gustaría que cayera el peso de la ley, para la persona que negó la presencia de la Fuerza Pública en el Fello Meza.

Ya comprendo, el porqué del alejamiento de las familias Costarricenses, de los escenarios futbolísticos, no por la parte económica, sino por la presencia de algunos desadaptados, quen en vez de darle progreso al fútbol, lo retroceden.