Real Madrid empieza la conquista del triplete, derrotando al Bar莽a y se deja la Supercopa de Espa帽a
El Real Madrid, campe贸n de la pasada Liga, conquist贸 la Supercopa de Espa帽a al vencer, a doble partido, al Barcelona, vencedor de la 煤ltima edici贸n de la Copa del Rey.
El Real Madrid conquist贸 su d茅cima Supercopa de Espa帽a, con una autoridad incontestable ante un Barcelona que no despierta de la conmoci贸n de haber perdido a Neymar, superado nuevamente por una primera parte madridista m谩gica, liderada por Marco Asensio (2-0).
La Supercopa de Espa帽a plasm贸 la distancia actual entre dos grandes enemigos. Del estado de gracia del Real Madrid a la impotencia y la desesperaci贸n de un Barcelona que nuevamente se vio superado, muy lejos del nivel que exhibe el bloque de Zinedine Zidane con variantes diversas para golpear sin misericordia.
La final se presentaba para el Barcelona como la mejor oportunidad para huir de la depresi贸n y trasladar a su afici贸n un soplo de optimismo tras la fuga de Neymar. Frenar el ciclo victorioso madridista era el objetivo, pero instalado siempre en un escal贸n an铆mico inferior a un Real Madrid en estado de gracia, su realidad fue cruda. Los de Zidane sacaron a relucir sus debilidades y provocaron impotencia y desesperaci贸n. Los fichajes le urgen. Construir una nueva ilusi贸n.
Se presentaba como un imposible en el momento actual levantar la final, los dos goles de desventaja de la ida y golear en el Santiago Bernab茅u. La apuesta t谩ctica de Ernesto Valverde fue apostar por defensa de tres con Sergi Roberto y Jordi Alba como carrileros. La idea pod铆a ser buena con otros centrales. A Mascherano se le ve a otro ritmo y Umtiti sufri贸 cada vez que tuvo que tapar las subidas de Lucas V谩zquez.
Zidane se permit铆a el lujo de rotar en una final. Sentar la magia de Isco y a dos jugadores indiscutibles como Casemiro y Bale. Los nombres dan igual. Exhibe una profundidad de plantilla, con futbolistas enchufados que no rebajan el nivel. Su estado de 谩nimo le invit贸 a no especular con el resultado de la ida y sali贸 volcado, a desenmascarar las debilidades de su gran rival en un momento de duda. Lo atropell贸 con presi贸n alta y un ritmo de juego endiablado.